Encantadora de serpientes, que anduviste desde el sur
vestida de color y perfumada de ámbar.
En los ojos trajiste la luz y la seducción,
en la sonrisa la primavera y aplomo
en las manos la destreza, y en las palabras
la elegancia del saber decir y estar.
En el porte, magnetismo y seguridad.
La noche pactó con el tiempo, lentitud.
Desnudas de cuerpo, mente y alma
iniciamos el descubrimiento del equipaje.
Encontramos el fluir de la palabra,
las sonrisas asomaron, y las manos se enternecieron.
Bebimos y nos saciamos de deliciosos manjares y sabores.
Los sentidos y el deseo se desperezaron de un largo sueño.
La pasión no quiso perderse la fiesta y se interpuso
tomando todo el protagonismo, después de largo tiempo
de ausencia...danzamos al son de nuestra música, silenciosa
la partitura estaba escrita en nuestra piel, y curiosamente
la sintonía dual, sin ensayos previos quedó en una pieza
perfecta, que erizó la piel de ambas, únicas espectadoras
y protagonistas del evento
exhaustas de tanta emoción y placer
nos bebimos la noche y brindamos por su complicidad.