
Esperando aprendí a no desesperarme,
que los estímulos cuando no hay respuesta
se desvanecen y se pierden.
Que el deseo crece o disminuye proporcionalmente
a la complicidad dada o establecida.
Que el amor es una actitud ante la vida
respecto a lo recibido, aprendido, y lo innato.
Que los genes deciden más de lo que suponemos.
Que la realidad es un conjunto de miradas subjetivas.
Que la manifestación emocional anda reprimida
y que la ausencia de emoción lleva a la fustración,
desequilibrio, ansiedad y al vacío.
Que la represión de lo sentido nos hace vulnerables
a la enfermedad.
Que la vida es un paseo para disfrutar y aprender
de todo lo que nos rodea, y que la libertad está en
escoger diferentes caminos trazados,
que lo establecido no es lo mejor sinó lo más cómodo...
Que la creatividad y los sueños nos acercan a la felicidad.
Qué todo es efímero y en la intensidad de vivirlo
o dejarlo pasar se nos escapa la vida
Madre amadísima, no se donde te hallas, si hay otras vidas, si eres energía, si habitas en un lugar donde tienen acogida las almas bellas e infinitas. Cuando miro al cielo, pienso que es allí donde resides que eres una estrella que brilla con luz propia, como lo hacías cuando estabas entre nosotros. Cuanto añoro tu presencia cálida, tu sonrisa preciosa angelical y rebosante de bondad serena. ¡Te pienso tanto! y es entonces que te siento cerca, en el momento preciso que alguna razón me angustia o una preocupación me invade ,sin predecirlo, se abre un camino de luz o una solución impensable aparece como surgida de una amor incondicional que aflora como si de un sueño viviente se tratara.